Archivo de la categoría: Sociedad

La moda de la todología.

Sorprende ver las encuestas fallar. Se puede pensar que intencionadamente, que todo son estratagemas para dirigir opiniones. A veces puede ser que sí, evidentemente hay un juego perverso en todo lo que leemos pero otras veces fallan sin más. Salen analistas en televisión, radio o escribiendo que saben de todo y aciertan en nada. Describen realidades que, no niego que existan, pero son diferentes a muchas otras que también existen. Se suelen perder en debates bastante estériles que, eso sí, aglutinan cierta audiencia a su alrededor. Entiendo que al menos tendrán audiencia.

“Es mi opinión” suele ser la frase que viene a justificar cualquier expresión de ideas sean estas aceptables o no. Decía un buen amigo que aunque hay que respetar a todas las personas no todas sus ideas tienen que ser respetadas. No pretendo, ni mucho menos, criticar la libertad de expresión. Que cada cual diga la sandez que le parezca (esto se llama blog de mierda por algo). Pero si que habría que reflexionar porque siempre se da voz a una serie de personas que no son capaces ni de prepararse el tema sobre el que van a hablar. Que hacen creer que saben de todo y al final se limitan a vomitar una serie de proclamas absurdas sin ningún fundamento teórico. Hay quienes incluso hacen carrera política de ello, llevando el cuñadismo a espacios que deberían estar libres de ciertos lugares comunes que no deberían salir de las barras de los bares.

Asusta ver el nivel de ciertos generadores/as (aunque mujeres siempre hay menos, lo cual en sí mismo ya es un hecho que genera opinión pero eso es otro tema) de opinión. Gente que habla con la misma autoridad (concedida no se sabe dónde) sobre bullying, yihadismo, elecciones americanas, prostitución o economía mundial. Y evidentemente pueden hablar con total libertad de ello, dar sus opiniones y soltar la mierda que consideren oportuna. La cuestión que quiero señalar es el motivo que permite tener el altavoz  a personas que nos están convirtiendo en este desastre de sociedad egoísta, intolerante e inconsciente de su propia realidad.

6d41ffa8bc89049803c0ffa915d10740

 

Anuncios

Cómo ser una mierda…y tener autoestima (II)

(Que escribo muy poco en el blog pero bastante en la página de Facebook)

Es muy habitual la proliferación de terapias hoy en día. Existe una disputa bastante amena, en el plano de la discusión, sobre la validez de cada una. Creo en la libertad de elección de cada persona para escoger aquella opción que más suponga que le va a ayudar. A veces, incluso, que simplemente le va a entretener. Desde mi punto de vista voy a ofrecer otra clasificación, inútil evidentemente. 1) Aquellas terapias que sirven para construir realidades paralelas. 2) Aquellas que sirven para confrontar la realidad. Que yo me incline por la segunda no implica nada, es por gusto simplemente. Considero igual de válida la primera. De hecho, la considero más práctica. “Esto es una mierda así que vamos a imaginar algo mejor como si fuese esto”. Aunque en realidad no lo es pero…si te lo crees muy fuerte, el autoengaño pasa. Y si pasa, dura, y si dura, sirve.

Es por tanto una forma de generar la autoestima la construcción de una realidad sobre el sujeto, sobre el “sí mismo/a” en base a falsedades, a mediasverdades y, especialmente, a lugares comunes. Frases que en realidad sirven para todo el mundo pero que la gente se las toma como únicas, les hace sentir especiales. Cool readings. Tenemos por tanto ese mecanismo. Que sirve para reformular ideales de belleza, inteligencia, habilidades sociales…cualquier cosa se puede cambiar creando una mentira paralela. Una mentira bonita eso sí. La otra forma, que es la mía y da título a esta serie de posts, es aceptar lo que hay. Es decir, dentro de esta sociedad, ¿en qué medida me ajusto a los patrones de x?. Una vez sabido eso, y sin olvidar evidentemente que hay patrones sociales que hay que destruir (digo destruir y no digo cambiar por otros), podemos empezar a valorar desde dónde salimos. Evidentemente en algunas cosas se estará por debajo de la media, en otras por encima, en la mayoría, lógicamente, en la propia media. Y en esa asunción del punto de partida podemos ver qué cosas evolucionar, qué cosas dar por imposibles y qué cosas dar por superadas y no preocuparse.

No partimos (no parto) por tanto de la construcción de la autoestima en base a fantasías sobre ser especial, original, irrepetible o la puta maravilla del universo. Parto de que hay que quererse porque somos sujetos con dignidad y merecemos, al menos, amor y respeto de nosotras mismas. Parto de una exigencia mínima. Parto, en definitiva, de un punto de partida. No de un fin. El fin, desde una perspectiva más nihilista, freudiana o marxista o todas en su área de influencia, es superar los condicionamientos sociales. Pero mientras existan, pelear por destruirlos. No negarlos.

12439110_596481917171312_6140397480640750049_n

Cómo ser una mierda…y tener autoestima (I)

Voy a escribir una serie de posts (en principio 3) sobre autoestima. Pero lo voy a enfocar de manera diferente a lo que suele haber en blogs de psicología, coaching, autoayuda o cualquier otra disciplina que se encargue de estos temas. No será esto un compendio de estadísticas o interpretaciones de estudios que hablan de cosas que entiendo todo el mundo sabe. Si no sabes, pones autoestima en google  y te saldrán posts suficientes para pasarte leyendo sobre ello el resto de tus días. (Recordemos que los estudios son pagados que igual eso explica según qué resultados).

Mi idea inicial es que es fácil tener autoestima (lo que esta gente llama autoestima) si eres Cristiano Ronaldo pero parece muy complicado si eres una mierda. No pondré a nadie de ejemplo porque no quiero que abandonéis todavía el ideal de que sois seres especiales elegidos por algún ser superior en el espacio que está pendiente de vuestras acciones, que tenéis un destino que el universo ha escrito en exclusiva o que vuestra existencia cambiará el devenir de la historia. Acepto ser yo la mierda (objeto) de análisis. No trabajo, no estudio, no tengo pareja, no soy bueno en eventos sociales, vivo en casa de mis padres y en definitiva soy un tipo normal o, si nos ponemos estrictos, por debajo de la media. Además soy bastante inútil, no tengo ningún talento especial que me vaya a hacer ganar mucho dinero. Me cuesta tener hábitos saludables de comida, sueño o de cualquier cosa. Cumpliría prácticamente los siete pecados capitales. Hago eso que se llama procrastinar con todo. Ah y soy pesimista. Y no pasa nada. Esta frase simple es la primera clave. “Nunca pasa nada” la mayoría de veces que pensamos que algo muy grave nos va a sacudir, nos va a arrojar a una vida mísera y sin ningún gramo de felicidad. La mayoría de veces, no pasa nada de eso. La vida sigue.

Pero esa clave no tiene mucho que ver con lo de autoestima. O sí pero no ahora. Empezando por el principio podemos decir que autoestima es quererse y que para quererse no es necesario ser súpermegachachiguay en nada. Quererse no es opción, es obligación. En un plano bastante simple de la realidad, sin demasiados ambages idealistas, con quererse entiendo: poder reírse de uno mismo, valorarse como persona digna, ser consciente de que no hay que aceptar humillaciones, disfrutar las cosas que nos gusten, no culpabilizarse por nada, responsabilizarse de aquello que tenemos responsabilidad, aceptar que habrá sufrimientos pero intentar que no se eternicen, trazar un camino propio hacia eso que se llama crecimiento personal…bueno menudo rollo de definición. Querer es querer lo mejor para alguien. Entiendo que para un sí mismx será lo mismo. Ese mejor es subjetivo. Pero tiene que ver más con disfrute presente (que es lo que tienes) que con una felicidad futura (que el mañana no existe). Y esto no quiere decir que haya que vivir cada día como si fuese el último porque probablemente no lo será. Algún día será, pero sólo uno. El resto no serán el penúltimo de nada.

Así que para empezar por el principio. Puedes quererte sin perfección, ni éxito ni nada.  Debes quererte, mejor dicho. Veremos cómo.

Mierda

 

Ella no quiere ser madre.

El otro día me escribió una chica preguntando sobre la generación NoMo. Que viene a ser básicamente mujeres que no quieren ser madres. Que escogen esa opción.

Lo primero que me vino a la cabeza es aquella frase del exministro de justicia: “la libertad de la maternidad es la que hace a las mujeres auténticamente mujeres”. Hay que valorar que estamos dando pasos en lo referente a relaciones por encima de la tasa de asimilación que tiene la sociedad. Eso no es malo pero si requiere tener paciencia para romper (o al menos para aguantar) con ciertos tópicos, con ciertas frases y con ciertos tabúes que se superarán. Pero no han sido superados todavía. Por poner un ejemplo, he recibido un mensaje de un fotógrafo que quiere hacer un reportaje sobre poliamor y no he encontrado a mi alrededor (Valencia), en mi zona de influencia a nadie que lleve ese tipo de relación o, al menos, que quiera participar. Mi entorno suele ser más clásico, las infidelidades, en secreto.

Volviendo al tema, lo de ser madre, parece evidente que a mejor posición social, mejor carrera profesional, menos deseo de tener hijos. Pero podríamos entrar a valorar si eso se debe a la ausencia de deseo o a que, simplemente, no compensa en términos de tiempo. Egoísta, llamarán a esas mujeres. Puedo comprender (no comparto) que esa posición se denomine egoísta, no entiendo sin embargo que se llame amor o generosidad al hecho de querer TENER un hijo que sea TUYO. El deseo de ser madre podría ser saciado con adoptar a alguien que no haya tenido suerte de nacer en unas condiciones para poder acceder a una vida saludable.

Pero volvamos a la decisión de que NO quiere. No es sólo que me parezca respetable, me parece admirable que haya mujeres que quieran romper un sistema que sigue siendo capaz de intentar sostener la idea de ser madre como el pronóstico de futuro de cualquier mujer. Podrán trabajar, casarse, convivir en pareja, acceder a puestos directivos…todo eso ya veremos pero básicamente siguen siendo potenciales madres. No pasa así con los hombres y no debería ser así con las mujeres.

Que tengan la posibilidad de serlo no quiere decir que tengan que serlo. Ni que quieran. Y es ahí, en la voluntad, en la libertad de la mujer donde radica que realmente sean mujeres. No en el hecho de la maternidad. Porque Gallardón intentaba parafrasear esta frase algo más acertada de Azaña.

La libertad no hace ni más ni menos felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres.

Si quieres leer más y mejor, pincha aquí.

i-cant-believe-it-i-forgot-to-have-children

Si no lo nombras…¿existe?

Entiendo que hay cosas que no existen más allá de la medida en que hablamos de ellas.

Las pseudociencias basan su efecto en la capacidad de charlatanería de sus gurús para convencer personas incautas. A parte de corrientes sociales o culturales que promocionan o hacen desaparecer según qué ideas. Entiendo por tanto que en ausencia de charlatanería, sin nadie que pregone supuestos milagros, las pastillitas azucararadas no serían más que eso. Podemos responder entonces que no. No existe, si no lo nombramos.

Sigamos. Nadie dimite por “robar” y en esto quiero hacer especial hincapié. La gente dimite porque le pillan. O pide perdón o muestra arrepentimiento no por los hechos que suceden sino por la circunstancia de que ese hecho se haga público. Porque, claro, en última instancia con pedir perdón es suficiente y no hay que dimitir. Si nadie nombra el hecho malo, el delito, nadie dimitiría. Podemos responder entonces que no. No existe, si no lo nombramos.

Sigamos. Es difícil encontrar en periódicos cifras sobre las agresiones de odio que suceden en este país. De las que se tiene constancia, claro. Porque de algunas de ellas que suceden contra gente fuera del sistema ya será imposible encontrar datos. Entonces se genera una idea de país tolerante y respetuoso. No hay agresiones. Lo hemos oído este fin de semana respecto al orgullo. Podemos responder entonces que no. No existe, si no lo nombramos.

El hecho, el acto, el suceso es independiente de que se describa, se comente. Las cosas pasan aunque estemos mirando para otro lado. O aunque las estemos mirando pero no nos dejen comentarlas. No son igual los tres ejemplos. Lo tengo claro. Pero no estoy planteando la diferencia entre ellos (es lógico que en el primer ejemplo si nadie hablase, no tendría efecto…pero porque hablando de ello, tampoco lo tiene). Estoy hablando de que el mal está ahí aunque no podamos desde hoy denunciarlo.

A %d blogueros les gusta esto: