Archivo de la categoría: La Mierda

La moda de la todología.

Sorprende ver las encuestas fallar. Se puede pensar que intencionadamente, que todo son estratagemas para dirigir opiniones. A veces puede ser que sí, evidentemente hay un juego perverso en todo lo que leemos pero otras veces fallan sin más. Salen analistas en televisión, radio o escribiendo que saben de todo y aciertan en nada. Describen realidades que, no niego que existan, pero son diferentes a muchas otras que también existen. Se suelen perder en debates bastante estériles que, eso sí, aglutinan cierta audiencia a su alrededor. Entiendo que al menos tendrán audiencia.

“Es mi opinión” suele ser la frase que viene a justificar cualquier expresión de ideas sean estas aceptables o no. Decía un buen amigo que aunque hay que respetar a todas las personas no todas sus ideas tienen que ser respetadas. No pretendo, ni mucho menos, criticar la libertad de expresión. Que cada cual diga la sandez que le parezca (esto se llama blog de mierda por algo). Pero si que habría que reflexionar porque siempre se da voz a una serie de personas que no son capaces ni de prepararse el tema sobre el que van a hablar. Que hacen creer que saben de todo y al final se limitan a vomitar una serie de proclamas absurdas sin ningún fundamento teórico. Hay quienes incluso hacen carrera política de ello, llevando el cuñadismo a espacios que deberían estar libres de ciertos lugares comunes que no deberían salir de las barras de los bares.

Asusta ver el nivel de ciertos generadores/as (aunque mujeres siempre hay menos, lo cual en sí mismo ya es un hecho que genera opinión pero eso es otro tema) de opinión. Gente que habla con la misma autoridad (concedida no se sabe dónde) sobre bullying, yihadismo, elecciones americanas, prostitución o economía mundial. Y evidentemente pueden hablar con total libertad de ello, dar sus opiniones y soltar la mierda que consideren oportuna. La cuestión que quiero señalar es el motivo que permite tener el altavoz  a personas que nos están convirtiendo en este desastre de sociedad egoísta, intolerante e inconsciente de su propia realidad.

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Cómo ser una mierda…y tener autoestima (y III)

 

En capítulos anteriores: I y II

Dije que serían tres, luego dije que igual más pero he decidido que tres. No porque tenga compromiso con mi palabra porque mi palabra no vale mucho. Simplemente he caído en la cuenta de que me estaba desviando. Hay algo fundamental en esto de la autoestima que estaba pasando por alto y es lo que marca la diferencia. Digamos que una sucesión de accidentes fortuitos me ha resituado. Como casualidad y no como causalidad.

Autoestima es una palabra que está bien si la consideramos como quererte. Pero está mal si entramos a valorar los motivos por los que debes quererte. Es decir hacia dónde se dirigen los afectos, el amor, la estima no lo decides tú. Es la sociedad en la que vives la que decide qué cosas son dignas de querer, admirar y qué cosas no lo son. Qué valores, virtudes tiene que tener alguien para recibir ese amor. Aunque en el caso de la autoestima emisor y receptor de amor seas tú. Es evidente que cuando titulo “mierda” y me pongo como ejemplo en el primer post de estos tres, estoy asimilando el concepto de loser que impone la sociedad (sin casa, sin curro, sin pareja). Son las ausencias, las carencias lo que me pone en el apartado de “la mierda” no es que yo tenga defectos (evidentemente los tengo) es que no tengo, en términos de posesión, aquellas cosas que te sitúan en un escalafón superior de la sociedad. La mayoría, evidentemente, de tipo material.

Me definen (nos definen) por tanto las faltas. Es la definición por la imposibilidad de la misma. Es decir no cabe la posibilidad de poder situarme en una categoría exitosa, lo que implica de manera inevitable que si no tengo éxito, tengo fracaso. Por tanto podría (quizá debería) no quererme.

Existe por tanto una necesidad política, social de adaptar las formas de definición, de autoconcepto. Y no es una lucha individual que tengamos que resolver personas sueltas a lo largo del mundo para encontrar definiciones que nos valgan. Es algo colectivo. Es decir que mi “soy nada” y “estas son mis mierdas” pueden no sersuficientes para todo el mundo aunque me sirvan porque elaboro mi autoestima en otros términos que no son el éxito social (amimefuncionismo). Pero quizá si cambiásemos los criterios de éxito social por otras cualidades más personales, más humanas, más alcanzables podríamos facilitar que la gente tuviese autoestima sin necesidad de estas chaladuras que escribo.

Así, por empezar, acabar con la comparación sobre las vidas artificiales generadas a través de las redes sociales.

 

Cómo ser una mierda…y tener autoestima (I)

Voy a escribir una serie de posts (en principio 3) sobre autoestima. Pero lo voy a enfocar de manera diferente a lo que suele haber en blogs de psicología, coaching, autoayuda o cualquier otra disciplina que se encargue de estos temas. No será esto un compendio de estadísticas o interpretaciones de estudios que hablan de cosas que entiendo todo el mundo sabe. Si no sabes, pones autoestima en google  y te saldrán posts suficientes para pasarte leyendo sobre ello el resto de tus días. (Recordemos que los estudios son pagados que igual eso explica según qué resultados).

Mi idea inicial es que es fácil tener autoestima (lo que esta gente llama autoestima) si eres Cristiano Ronaldo pero parece muy complicado si eres una mierda. No pondré a nadie de ejemplo porque no quiero que abandonéis todavía el ideal de que sois seres especiales elegidos por algún ser superior en el espacio que está pendiente de vuestras acciones, que tenéis un destino que el universo ha escrito en exclusiva o que vuestra existencia cambiará el devenir de la historia. Acepto ser yo la mierda (objeto) de análisis. No trabajo, no estudio, no tengo pareja, no soy bueno en eventos sociales, vivo en casa de mis padres y en definitiva soy un tipo normal o, si nos ponemos estrictos, por debajo de la media. Además soy bastante inútil, no tengo ningún talento especial que me vaya a hacer ganar mucho dinero. Me cuesta tener hábitos saludables de comida, sueño o de cualquier cosa. Cumpliría prácticamente los siete pecados capitales. Hago eso que se llama procrastinar con todo. Ah y soy pesimista. Y no pasa nada. Esta frase simple es la primera clave. “Nunca pasa nada” la mayoría de veces que pensamos que algo muy grave nos va a sacudir, nos va a arrojar a una vida mísera y sin ningún gramo de felicidad. La mayoría de veces, no pasa nada de eso. La vida sigue.

Pero esa clave no tiene mucho que ver con lo de autoestima. O sí pero no ahora. Empezando por el principio podemos decir que autoestima es quererse y que para quererse no es necesario ser súpermegachachiguay en nada. Quererse no es opción, es obligación. En un plano bastante simple de la realidad, sin demasiados ambages idealistas, con quererse entiendo: poder reírse de uno mismo, valorarse como persona digna, ser consciente de que no hay que aceptar humillaciones, disfrutar las cosas que nos gusten, no culpabilizarse por nada, responsabilizarse de aquello que tenemos responsabilidad, aceptar que habrá sufrimientos pero intentar que no se eternicen, trazar un camino propio hacia eso que se llama crecimiento personal…bueno menudo rollo de definición. Querer es querer lo mejor para alguien. Entiendo que para un sí mismx será lo mismo. Ese mejor es subjetivo. Pero tiene que ver más con disfrute presente (que es lo que tienes) que con una felicidad futura (que el mañana no existe). Y esto no quiere decir que haya que vivir cada día como si fuese el último porque probablemente no lo será. Algún día será, pero sólo uno. El resto no serán el penúltimo de nada.

Así que para empezar por el principio. Puedes quererte sin perfección, ni éxito ni nada.  Debes quererte, mejor dicho. Veremos cómo.

Mierda

 

Felices…si podéis.

Hay diferencias entre la gente feliz y la gente que hace creer que es feliz. De hecho la gente feliz no necesita mostrar nada. Ya lo es. Si eres feliz para qué tienes que forzar. Las cosas salen naturales. Eso que se llama la sonrisa genuina (de Duchenne). Al contrario de lo que podáis pensar a mi esa gente me despierta cierta alegría. Poca esperanza porque esos términos no los manejo pero sí que me gusta ver gente que es feliz, que las cosas le salen bien y que en general tiene una buena vida. La conozca o no.

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“Trabajo para pagar el alquiler de una casa que necesito para trabajar.”

Lo oí el otro día por la calle. No quiero decir que refleje una realidad social que vive todo el mundo. No utilizaré estos términos tipo “la gente”, “personas decentes” y demás eufemismos para referirse a quienes van perdiendo derechos, libertades, realidades que parecían intocables. Cobrar por trabajar por ejemplo. Lee el resto de esta entrada

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