Cuando tu ex se acuerde de ti.

Parto de la premisa de que cuando se deja a alguien existe una pretensión de encontrar algo mejor. La teoría de las camisetas. Esa pretensión, obviamente, es absolutamente legítima, ética, moral…utiliza la palabra que creas apropiada para entender que me parece bien. No podemos (no debemos) plantear la vida en términos absolutos con tendencia a lo infinito. Lo que hoy es maravilloso, mañana puede ser una puta mierda insoportable y, en ese caso (o quizá mucho antes), tenemos el derecho, también el deber, de salir de la tortura china que puede suponer la rutina de una relación que no va a ninguna parte. A ninguna buena al menos. Hasta aquí mi reivindicación del derecho individual de acabar con una relación. Existe también un derecho social de acabar con las relaciones de pareja pero eso ya lo dejamos para más adelante.

Todo el rollo de hoy viene por esta canción.

Las relaciones se acaban para siempre. El hecho factible de una posible reconciliación implicaría una relación diferente. Serían las mismas personas, pero en otro momento, en otro contexto y con la idea interiorizada de “una vez no funcionó”. Existe en la ruptura un sentimiento lastimoso, victimista pero absolutamente comprensible que, aunque debemos entenderlo, no debemos potenciarlo. Te han dejado, está mal. Pero no está muy mal. Si te dejaron, la relación no funcionaba, al menos no para ambos. No podemos garantizar (debido a la no existencia de justicia divinas, karmas ni otras historietas consoladoras) que vaya a ir peor a quién se portó peor y a ti, que te has portado muy bien, te vaya a ir genial (todo el mundo siempre cree portarse bien). El futuro es inescrutable. Se acabó la relación. Yo abogo por la tolerancia en la indiferencia. Es decir no hace falta entrar en groserías de borrar todo contacto (salvo algunos casos) pero no se deben fomentar los contactos de manera frecuente y mucho menos con la finalidad de una posible reconciliación. Porque es fácil montarse películas. Y las películas en el cine, los miércoles. Déjense de elucubraciones en su vida diaria.

Hasta aquí todo bien. Ya lo he contado algunas veces pero es bueno repetir. Vamos a una situación nueva. Pongamos que consigues estar x meses sin hablar o sin contacto. No te has olvidado porque eso es imposible pero digamos que estás bien, mejor. Y te escribe o aparece o lo que sea. Salvo en casos de dependencias emocionales graves, que ahí ya decidirás si ponerle una denuncia o pasar, en los casos habituales (estabas bien en la relación, lo has pasado mal, te ha costado superarlo, te has hecho más o menos a la idea) me parece que hay que contestar cordialmente o saludar. Y fin.

Ni cafés ni rollos macabros. Quiero saber cómo te va la vida…pero ¿qué cojones de frase es esa?. La vida va bien en cuyo caso no hay nada que contar o va mal en cuyo caso habrá que contar las cosas a amistades cercanas, familiares o psicólogos. (Qué bien metida la cuña publicitaria aunque soy un tipo incapaz de vender agua en el desierto).

@alvarosaval

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Acerca de Álvaro Saval

Blog personal https://alvarosaval.com/ Canal de psicología: https://www.youtube.com/user/AlvaroSaval

Publicado el 24 febrero, 2015 en Amor, Pareja y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. es un rollo, ciertamente… alguna vez escribí de eso (en lugar de responderle en concreto a aquella ex que me preguntaba ‘¿cómo te va la vida?’) El espacio cuesta, pero es necesario. Me gustó mucho tu entrada. Un abrazo.

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  2. En lineas generales, eso es lo correcto. Pero la singularidad de la persona y la relación hace que haya muchas combinaciones posibles, pudiendo ser válidas.

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  3. En mi opinión el problema de cuando te habla tu ex después de un tiempo determinado surge cuando llevas tiempo deseando ese mensaje , esa llamada o como diablos se presente. Es ahí cuando aceptas un café y te ilusionas de una posible reconciliación y quizás la otra persona lo único que quiera saber es “¿Cómo te va la vida?(sin ella).”

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  4. Ni creo ni dejo de creer en segundas, terceras…o infinitas oportunidades en las relaciones. Lo que sí creo es que cuando algo se repite una y otra vez, ese bucle, es síntoma de algo que aun está por aprender. En un caso u otro, en el que envía el mensaje o en el que lo recibe. Creo que el que lo envía ya está comenzando un bucle (algo no superado, o no aprendido, o interiorizado) y el que lo recibe… pues depende de si entra en el bucle o no. Y si no entra, depende de por qué no entra, estará convirtiendo el bucle en espiral o realmente en un punto y final.

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