La corrupción no preocupa.

Llevamos apenas un mes de 2013 y todas las reflexiones sobre el estado general de las cosas son grandilocuentes preguntas que no tienen respuesta o, al menos, la respuesta seguramente no es la que queramos escuchar. ¿Tenemos solución?, ¿Saldremos de ésta?, ¿Hacia dónde vamos? o ¿Quién sabe cómo? Se suele decir eso de que la gente ya no está indignada, que ahora ya está cabreada. Hay manifestaciones y protestas, y hay una profunda preocupación. Es cierto que la gente sigue saliendo, sigue viviendo y que, probablemente, el carácter español intenta mostrar que “La vida es bella” igual que hacia Benigni.

Hubo un tiempo que la máxima preocupación de la ciudadanía española era el terrorismo. Aquello tenía un cierto sentido. Se intentaba enfrentarse a él por todos los medios y parecía que siempre acababa ganando. Al final terminar con el terrorismo no necesito de manifestaciones ni de grupos ilegales que hiciesen lo mismo desde el otro bando. Bastó asumir su posición ideológica y darle cabida en democracia. El terrorismo no tiene perdón sobre todo porque los tiros nunca dan a quién los provoca.

Las preocupaciones de ahora me cuesta creerlas. Me sorprende oír que a los españoles les preocupa la corrupción o que creen que la mayoría de la clase política es corrupta. No me lo creo. Me parecen conceptos contrapuestos. La corrupción es tolerada, entendida, justificada y, en cierta manera, aplaudida. Y no es cuestión de izquierdas, derechas. Es una cuestión intrínseca al ser humano. “Que roben, pero que roben los míos” implica la asunción de que no está mal. Que “tod@s lo haríamos” muestra que en el fondo hay algo que nos atrae de la política. Una vida fácil (si alguien me va a decir lo de la presión que se espere al final, no quiero reírme mientras escribo) en la que me va bien a mi y a la gente de mi alrededor. Me garantizo contactos para un futuro privado, trinco de aquí y de allí. ¿Y la gente? la gente a la que le estoy quitando todo me ve por la calle y se hace una foto conmigo, me abraza, me besa y me vitorea. Eso es la política. Y eso es lo que aplaudimos votando o con la abstención. Aceptamos como bueno lo que hay.

También es política ser concejal en un pueblo pequeño, ir a trabajar sin cobrar y hacer cosas para que tu comunidad viva mejor. Pero de la política buena, de la gente buena que se mete con el objetivo real de cambiar las cosas no sabemos nada. Sabemos eso sí, que no podrán encontrarles dinero en Suiza porque probablemente apenas tengan dinero aquí.

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Acerca de Álvaro Saval

Blog personal https://alvarosaval.com/ Canal de psicología: https://www.youtube.com/user/AlvaroSaval

Publicado el 4 febrero, 2013 en Los lunes al sol, Sociedad, Uncategorized y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. En mi ciudad llegaron a cargarse a alguno que quiso ser muy legal… Quiso hacer algunas cosas bien y todos lucharon contra él. Incluso los de su propio partido. No es fácil luchar contra toda una clase. Se protegen entre sí y tienen comprados incluso a los medios (sé de qué hablo).
    Por eso siempre me ha asqueado la política y por eso tengo muy claro que las personas que como profesionales y personas verdaderamente valen la pena no podrán triunfar jamás en política, mientras las cosas sigan como están. Lo suyo sería no poder enriquecerse por dedicarse a la cosa pública y así realmente estarían ahí personas por vocación, no por corrupción.

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