El arte de escuchar

Recuerdo mi oferta 😉 Que el mundo no se acaba y es una buena manera de empezar el año buscar un Bugarach.

Dicen de mi que tengo un lenguaje corporal nefasto. Me fijo poco, pero es verdad. Nunca he sabido dar la mano a los hombres ni me gusta dar dos besos a las chicas y es algo que suelo evitar. Cuando hablo con alguien no le miro mucho y suelo poner los pies apuntando a irme. He ido mejorando en acompañar con los brazos el discurso pero a día de hoy aún muevo las manitas de una manera descompasada con lo que digo. Y eso cuando no las tengo en los bolsillos o con los brazos cruzados. Me cuesta terminar las conversaciones, a veces nos quedamos los dos esperando a que alguien diga: “bueno, au”.

Suma a eso que tengo un cierto toque antisocial. La versión con barba de Kevin Spacey en Seven. Soy incapaz de odiar a nadie. Mi desprecio se dirige a la sociedad como ente. Una sociedad que se asemeja más a un trozo de cutre mortadela que a un jamón ibérico. Pero eso ya nos lo recuerdan las marcas de fiambre. Una sociedad que se caracteriza por ser inmoral (porque se vende a cualquier precio), ignorante (porque siempre cree saber lo suficiente) y hortera (porque es en lo que te conviertes cuando vas de algo mejor de lo que eres). La sociedad es la gente, y por tanto odiaría a la gente pero es que yo nunca he sabido si va antes el huevo o la gallina.

Con todo esto no parezco el adecuado para explicar nada sobre escuchar, entender, comprender o empatizar. Pero, pedidas las disculpas previas, voy a intentarlo.

Desde adolescente he sentido que la gente me contaba sus cosas. Un vecino en el ascensor, un vagabundo en la calle o cualquiera en la borrachera de una discoteca. Cuando vi que la cosa se convertía en bastante habitual elaboré dos resortes diferentes en función de la persona o, sobre todo, de la historia porque lo que me gustan son las historietas:

A)    Cagarme simulando que me interesa. No escuchar más allá de lo suficiente para hacer creer que sí. Y en eso sí que tengo el lenguaje corporal bastante estudiado.

B)    Atender a todo. El contenido y el continente. Pero por encima de todo atender a lo que dice. A cada giro del lenguaje, cada frase entre dientes, cada pensamiento inconsciente que se cuela sin querer. E intentar transmitir siempre tranquilidad (paz me han dicho varias personas).

Seguimos con B. Lo importante en escuchar es el mensaje. El lenguaje es lo bastante rico como para ofrecernos toda la información que necesitamos. Y clavando las preguntas que tocan de manera incisiva el “desangramiento” verbal es suficiente para que se sienta escuchad@. Entender, comprender, empatizar solamente se basa en una cosa. En no juzgar. Eliminar de la comunicación toda la carga prejuiciosa que acostumbra a tener. Es muy difícil pero es posible porque al final todos tenemos más en común de lo que creemos.

Todo esto lo hago sin preocuparme en nada de mi “comunicación no verbal”. A fin de cuentas, desde un diván no ves quién te escucha.

PD: No tengo diván pero no podía dejar que la realidad me estropease un buen final.

Freud de joven, cierto parecido.

Anuncios

Acerca de Álvaro Saval

Blog personal https://alvarosaval.com/ Canal de psicología: https://www.youtube.com/user/AlvaroSaval

Publicado el 19 diciembre, 2012 en Psicología, Psicología positiva, Sociedad y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: