“Rebozarse en La Mierda despreciando las florecillas”

No sé qué pensaría Felix Baumgartner nada más lanzarse al vacío. Desconozco qué sintieron Roberto Canessa y Fernando Parrado después de cruzar los Andes y conseguir que rescatasen a su equipo. O la sensación qué tendrá Prigioni debutando en el Madison con 35 años. Por poner ejemplos vistos o recordados durante esta semana. Sé que eso es lo extraordinario. Que el resto de vidas se cortan en función de un patrón bastante similar. No hay nada extraordinario en ellas, y eso no es malo. Digamos que no es necesariamente malo. Que la vida tiene cosas maravillosas en su cotidiano divagar. No sabemos si esos cuatro ejemplos son desgraciados el resto del tiempo, si los domingos se levantan con resaca y los lunes con mala ostia, si les gusta el verano, les jode el frío o se les cambia el humor cuando empieza a chispear. Si mantienen amistades, les han roto el corazón o no se sintieron queridos por sus padres. Si solo fueron felices en esos momentos y el resto fue peor, porque también puedes ser infeliz por comparación. Me da igual. Me sirven para explicar lo extraordinario de esos momentos puntuales. Porque creo que la sensación debió ser parecida en cada caso y porque entiendo que el anhelo de sentir eso es inherente al ser humano.

Hay un pero enorme en todo esto. Que lo común, lo habitual, es hacer extraordinario lo malo. De tal manera que pensamos que nuestra ruptura sentimental es la única irreparable a lo largo y ancho del mundo, que nos han echado del trabajo que era perfecto para nosotros o que nuestro profesor ha decidido cogernos manía en exclusiva entre sus mil alumnos. Vivimos con el drama a cuestas. Despreciando cada cosa buena que nos pasa, pensando que lo normal, lo que tiene todo el mundo es eso. Tener amistades, familia, poder hacer cosas que nos gustan no es suficiente, no lo valoramos lo suficiente. En cambio el detalle malo más nimio lo hacemos una montaña, una enorme cordillera. Y sí, esa cordillera es de Mierda, de un fangoso empastre de malos pensamientos. De la obsesión de vivir “cosas extraordinarias”, de “tener nuevas experiencias” y que, por desgracia, el camino fácil para ello es ese. El de hacer una hipérbole patética de lo malo, el camino de ignorar y despreciar las cosas buenas.

Las pequeñas cosas, las pequeñas cosas, las pequeñas cosas, las pequeñas cosas, las pequeñas cosas…las jodidamente maravillosas pequeñas cosas. Y si quieres hacer algo extraordinario, pues chaval, muchacha haz algo que sea bueno para el resto.

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Acerca de Álvaro Saval

Blog personal https://alvarosaval.com/ Canal de psicología: https://www.youtube.com/user/AlvaroSaval

Publicado el 16 octubre, 2012 en La Mierda y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Me quedo con la frase “Y sí, esa cordillera es de MIERDA”. xDDD

    Ahora en serio, creo que tienes razón. Como dijo Shakespeare: “Olvidamos las PEQUEÑAS alegrías por lograr la GRAN felicidad…”.

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  2. Si no fuera por todas esas pequeñas cosas que hacen una grande inmensa, mi vida estaría rebozándose en esa cordillera de MIERDA… Sin embargo, soy una persona FELIZ: me siento afortunada y miro adelante con la sonrisa en la cara y la esperanza en la mirada. 😀 Porque la angustia es relativa y depende del tamaño que tú le permitas adquirir en tu mente… cuanto más pequeñita la hagas, mejor la dominarás. Haz que sean grandes las pequeñas cosas, para que quede poco hueco para las más feas.

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  3. Es increíble Álvaro …estoy absolutamente enganchada a tu blog…
    Llevo todo el día leyendo y me he convertido en adicta a el …
    Soy fan absoluta de tu magnifica manera de escribir y expresar tantas cosas ciertas y de un modo tan directo y extraordinario ….
    Enhorabuena , sabes transmitir tus pensamientos de un modo admirable …..
    Ami ya me has regalado esas pequeñas cosas de las que hablas en esta entrada ……
    Continúa en este camino …ánimo con tus proyectos .
    Gracias por compartir todo esto …

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